top of page

La Senda (Nuestra Propuesta)

  • Apertura
    La cultura, en términos generales y programáticos, es un lugar donde se resguarda y fiscaliza la producción social, aquella que perdura al margen de la material y económica, esa que se erige como capital simbólico de la comunidad. La cultura la podemos comprender hoy, más allá de las viejas concepciones que la definen como “aquello que perdura después de haber olvidado todo”, la adquisición de los “buenos modales”, “la tenencia de obras de arte y artículos artesanales y/o etnográficos”, “la que tienen los letrados y profesionales”, etc. La cultura es un campo de poder-saber, social, tecnológico, artístico, estético, que atraviesa y agencia los procesos sociales aquietándolos para capitalizar la tradición o transformándolos para generar una productividad innovadora situada en un “aquí” y “ahora” concretos. Esto quiere decir, en nuestros términos, que la cultura es un macrotexto (antropológico, sociológico, económico, estético, artístico...) desde el cual comprender los avatares de los sujetos contemporáneos y la construcción de sus subjetividades como ciudadanos, miembros familiares, integrantes barriales, agentes comunitarios, seres religiosos, políticos, económicos, artesanales, grupales, de etnia y género, entre otros registros. El carnaval es un texto entre otros textos de la cultura, uno especial donde se teje la memoria que circula por la sensibilidad y el conocimiento como patrimonio simbólico; su importancia y eficacia radica en ser expresión estética y comunicación de lo popular en dimensiones artesanales, plásticas, teatrales, poéticas, musicales, gastronómicas, cinematográficas, performáticas; visiones y acciones que oscilan entre lo que hay que conservar para reconocer quienes hemos sido y lo que es preciso dinamizar innovando para lo que queremos ser; mediación entre la tradición y la modernidad para entender los procesos multiexpresivos, de hibridación y des-colonización. En el carnaval multicolor de Ipiales se problematizan las visiones que promueven el carnaval como un fenómeno de espectacularización y consumo ajeno a la crítica social, prácticas estas que no considerar las propuestas que el pueblo canaliza a través de su potente creatividad del buen vivir, la participación comunitaria, la inclusión de las diferencias, la deliberación política, la construcción de paz. Esta propuesta propone cuestionar las miradas que ven el carnaval como un evento desacralizador como opuesto a lo cotidiano y religioso, sin atender lo liminar de su espacio y tiempo excepcionales que es sagrado. Es esta dimensión de lo sagrado la que reactiva la comunidad generosa, excesiva y festiva, desembarazándola de la presión redituable, egoísta y acumulativa; es esta la bisagra de re-existencia entre lo artesanal regional y el arte internacional que globaliza todo borrando diferencias y autenticidad. El carnaval multicolor de la frontera de Ipiales un dispositivo espacio-temporal relacional, interactivo y pedagógico entre lo manual-particular (saber–hacer), las obras concretas y lo industrial-colectivo (hacer–saber lo que se hace). Que la Alcaldía de Ipiales a través del Fondo Mixto de Cultura de Ipiales proponga valorar, estudiar y difundir un texto como el Carnaval Multicolor de la Frontera a través de memorializar y conformar un archivo, es un hecho resignificativo y de estrategia social, pues no solo re-conoce la importancia de este texto cultural polifónico (voces), educativo (aprendizaje colectivo continuo) y dialógico (conciencias), sino que, además, lo hace parte de la política pública dándole alcance a la creatividad popular en sus dinámicas colectivas. Una Memoria y Archivo del carnaval multicolor de Ipiales es un proyecto que contribuye en la construcción de los procesos de Paz regionales para la convivencia, integrando en una acción común a los diversos sectores sociales, cobrando sentido el respeto por las diferencias, por la construcción de ciudadanía y la refiguración de la identidad territorial en su dinámica intercultural e interdisciplinaria como aporte a la construcción de país.
  • Cooperación cultural e investigativa
    El equipo de investigación-creación del proyecto Memoria y Archivo del Carnaval Multicolor de Ipiales a través del Fondo Mixto de Cultura de Ipiales-Alcaldía Municipal de Ipiales, gestiona varios convenios de cooperación cultural y académica, con el propósito de aprovechar el conocimiento, la producción creativa y la experiencia investigativa en campos de estudio relacionados con la historia de la cultura, la cultura popular, las fiesta, el carnaval, la audiovisualidad, los medios de información y comunicación y áreas afines procurando alcanzar estándares de calidad. Entre las instituciones universitarias está el Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura –IECO, la maestría en Comunicación y Medios y el programa Quinde audiovisuales de la Universidad Nacional de Colombia, la maestría en Etnoliteratura de la Universidad de Nariño, la facultad de Ciencias Económicas y Contables de la Universidad del Cauca; entre las entidades culturales está la Casa de la Cultura de Ipiales, la Casa de la Cultura del Ecuador, núcleo del Carchi y el Departamento Administrativo de Cultura de la Gobernación de Nariño. De igual forma acompaña este proceso la Red Colombia Festiva y otras instancias que se visibilizarán en el desarrollo del proyecto.
  • Justificación
    En primer lugar, esta propuesta es de gran importancia sociocultural porque contribuye académica y socialmente al conocimiento de varios aspectos inexplorados de la cultura festiva del departamento de Nariño y específicamente del Carnaval Multicolor de la Frontera de Ipiales (CMFI), buscando visibilizar una realidad que pese a su gran importancia regional aún permanece oculta para la sociedad y la academia. La memoria, los saberes, las prácticas culturales, el papel de los artesanos, músicos, danzantes, gestores culturales y de demás actores del CMFI, solo se reconocen cuando presentan públicamente sus trabajos, pero sin tener claridad de quiénes son ellos, cómo viven y qué procesos sociales gestan como agentes de la cultura local y regional. De ahí que este proyecto sea una contribución histórica, antropológica, sociológica que aporta al conocimiento y visibilización del CMFI en tanto fenómeno cultural social, inter/multicultural, estético, patrimonial, pedagógico y económico de orden regional. Regional porque se nutre la diversidad cultural, musical, estética, simbólica alojada en los diferentes territorios de los municipios de la llamada exprovincia de Obando y del norte de Ecuador. De tal manera que el CMFI aviva de distinta manera muchos aspectos de la memoria y el legado de esta región biocultural andina de gran importancia en la historia del departamento. El Carnaval Multicolor de la Frontera de Ipiales integra aspectos rituales, lúdicos, creativos, económicos, pedagógicos, aspectos fundamentales y estructurales para el fortalecimiento de las subjetividades, las relaciones intersubjetivas, interétnicas e interculturales; procesos comunitarios, identitarios, de inclusión social, relevo generacional y convivencia ciudadana. Por ello esta iniciativa pretende mostrar que, en torno a este carnaval, se configuran prácticas y espacios plurales para la participación lúdica, la expresión, la creatividad; espacios simbólicos para la reivindicación efectiva de valores y derechos culturales como la solidaridad, generosidad, fraternidad, reciprocidad, educación, autonomía, salvaguardia de la memoria y el patrimonio cultural e inmaterial de toda una región. Además, puede constituirse como un universo donde las víctimas puedan también expresar sus sentimientos y lograr un espacio que pueda convertirse en parte de su reparación simbólica mediante la implementación de políticas públicas del carnaval dirigidas exclusivamente a garantizar su participación. En segundo lugar, este proyecto articula la investigación, la creación y la formación como ejes fundamentales para que el CFMI no únicamente se visibilice sino que perdure y revitalice en el tiempo. Con la Memoria, el archivo y el Centro de Investigación de la Cultura Popular del Carnaval de Ipiales como dispositivos de conocimiento, creación y formación, se espera contribuir de manera efectiva con el desarrollo de varias estrategias de sostenibilidad del CMFI, entre las que se pueden destacar: Desarrollo de lineamientos pertinentes con las condiciones socio-culturales, estéticas, económicas y ambientales CFMI. Posicionamiento del CFMI como un espacio/tiempo de convivencia, creatividad y desarrollo cultural como aporte a la construcción de paz social. Desarrollo y promoción de programas de educación e investigación sobre CFMI desde una perspectiva integral, interdisciplinaria y participativa. De tal manera que todos los objetivos del proyecto se articulan con las expectativas de los gestores y actores involucrados en CMFI, las políticas del orden nacional, departamental y municipal, toda vez que la cultura y el carnaval tienen un gran impacto social y económico en el municipio. De igual forma con los ejes antes señalados se busca el fortalecimiento social, económico, organizativo, creativo; aspectos sobre los que si bien se han realizado algunos estudios, no son suficientes, ni para el conocimiento de su realidad, ni para la transformación e innovación. Efectivamente, por lo indagado en el medio académico, puede argumentarse, que la producción intelectual sobre las diferentes dimensiones del CMFI es aún muy limitada, aspecto que se refleja en los escasos estudios dedicados al tema y las incipientes publicaciones que existen al respecto. En los estudios que se han encontrado hasta el momento, existen grandes vacíos sobre los diferentes aspectos de este importante acontecimiento cultural de la ciudad de Ipiales. Atendiendo lo dicho, el presente proyecto se constituye en un enorme esfuerzo que busca desarrollar estudios sistemáticos para desarrollar de manera efectiva estrategias sociales y tecnológicas innovadoras que favorezcan el reconocimiento y la sustentabilidad de todo ese conjunto de actores, saberes, prácticas que hacen posible que el Carnaval Multicolor de la Frontera de Ipiales se celebre año tras año conformando un fuerte referente identitario en el sur de Colombia.
  • Objetivos
    General Reconstruir la Memoria del Carnaval Multicolor de la Frontera de Ipiales diseñando un Archivo digital multimedia como territorio cultural del sur en donde se afinca una dimensión festiva –tipos de saberes, prácticas y experiencias– en periodos anuales que, sin embargo, acontecen todo el año siguiendo parámetros similares a una producción comunicativa audiovisual (preparación o preproducción / fiesta o realización / desmonte, revisión o posproducción). Específicos Reconocer a través de estrategias comunicativas en el orden sociológico y antropológico diversas memorias del Carnaval Multicolor de la Frontera de Ipiales, identificando a sus protagonistas, enfocando su infancia, trayectoria, experticia y deseos de reinvención para mantener en los años venideros revitalizada la fiesta carnestoléndica. Construir una plataforma digital que le de vida al archivo multimedia (escrito/visual/oral) cuya extensión estará al servicio de la comunidad revalorando la diversidad y las diferencias, agenciando su reconocimiento y resignificación a través de la investigación-creación del texto del carnaval y la cultura popular en su variante artesanal y artística como fruto de la formación ciudadana patrimonial, contribuyendo a los procesos de inclusión de las diferencias, la convivencia ciudadana y la construcción de paz territorial, así como a la posible reparación simbólica para las víctimas. Agenciar estrategias de formación y experimentación en varios niveles generacionales (niños, mujeres, adultos, ancianos) y en distintos registros del conocimiento y la sensibilidad histórica, artística, estética, antropológica y social del Carnaval Multicolor de la Frontera de Ipiales. Proponer el Centro de Investigación de la Cultura Popular del Carnaval de Ipiales como la fase integradora y dispositivo de conocimiento, creación y sostenimiento para las generaciones activas y futuras –incluyendo el área de influencia de la municipalidad de Obando y población carchense–, a la luz de considerar el Carnaval como texto discursivo y textual complejo y dinamizador para la evaluación, estudio y re-invención de la magna fiesta popular de Ipiales.
  • Origen y consolidación del carnaval
    El Carnaval de Negros y blancos, que se celebra en todo el departamento de Nariño, sur del Cauca, Occidente del Putumayo y en parte del Norte del Ecuador, es la manifestación fehaciente de ese sincretismo; es el Carnaval de negros y blancos, que se lleva a cabo en los primeros días de enero de cada año, donde estos pueblos hacen concreción de sus identidades en una fecha determinada. Es esta fiesta andina de una importancia fundamental, pues en ella convergen tres sustratos fundacionales del mestizaje: los blancos, hacendados o citadinos que permitían el asueto; los indígenas, aportando elementos propios de la tierra con carices míticos en sus rituales; y los negros, libres para expresar sus manifestaciones simbólicas ancestrales. Son varios los puntos a considerar en la propuesta sobre la Memoria del Carnaval Multicolor de la Frontera, dentro del marco histórico, es necesario profundizar en los antecedentes festivos y carnavalescos de los pueblos originarios, particularmente del pueblo Pasto, quienes han estado presentes en el Carnaval de Ipiales por décadas, primero de manera impuesta por los gamonales y hacendados, quienes los llevaban al casco urbano con el fin de amenizar las fiestas, sin desconocer también el sentimiento señorial y de vasallaje imperante hasta bien entrado el siglo XX, y posteriormente, especialmente después de la Constitución de 1991, de manera voluntaria y decidida, sabiéndose parte fundamental de la cultura del Sur-Sur, por eso la presencia de las danzas Pasto de los Sanjuanes y Vacas, así como de los Danzantes de Males y de la banda de Yegua, que requieren una investigación especial para reconocer su legado presente en los carnavales de hoy en día, de igual manera llama la atención la presencia del número 5, día de negritos dentro del Carnaval, en la visión simbólica del pueblo Pasto ¿quizá la celebración del día 5, conocida en la actualidad como el día de Negros, día en el cual hace décadas iniciaba realmente la fiesta, no es una perpetuación de esa connotación simbólica sobre el número cinco, antesala de la fiesta de reyes? Siendo Ipiales un lugar de frontera, es innegable la influencia que de parte y parte se ejerce, ahí Rumichaca es el gozne que une a las sierras ecuatoriana y colombiana, además de la presencia de un solo pueblo, el Pasto, que compartió este territorio como algo común. Por ello se hace también necesario rastrear las festividades que se celebran en el Carchi o en Imbabura, inclusive las de Esmeraldas, que colindan con nuestro Pacífico nariñense, para ver qué coincidencias hay en ellas, tanto en las indígenas nativas como incaicas, así como con las celebraciones religiosas cristianas que formaron un sincretismo muy particular y que se comparte, especialmente con el mensaje de una fiesta que rompe todas esas fronteras, la de septiembre en Las Lajas, y que se representa con la célebre frase de la niña: “La Mestiza me llama”, en clara alusión al cruce de sangres que se dieron y se siguen dando en nuestro territorio fronterizo. La Fiesta de los Negritos tiene su origen en el Cauca, la cual se extendió hacia el Sur y llegó a los municipios y veredas del sur de Nariño. Ya en el siglo XVII en Barbacoas se hacían pantomimas carnavalescas, con juego de máscaras y borrachera, donde participaban tanto españoles como criollos, negros e indígenas, una antesala de lo que sería la fiesta más popular y reconocida del sur occidente colombiano. De igual manera, tanto en Popayán como en Quito, se celebraba con gran jolgorio el día de Inocentes el 28 de diciembre, con las bromas que heredaron nuestros ancestros en las llamadas Inocentadas y que pese a todo aún subsisten, antesala de lo que en Popayán sería la tiesta de Negritos, que se celebraba el 6 de enero, día de Reyes. El periódico Ensayos, de la Sociedad El Carácter de Ipiales, fundada en 1913, recoge en su No. 17, del 15 de enero de 1916 la siguiente nota: “NEGRITOS. El día 6 del presente, un grupo de artesanos obsequiaron a la sociedad de Ipiales con un baile de máscaras, en el cual hicieron derroche de cultura, de honor y placer. Bien por los que saben enaltecer el trabajo y divertirse a lo caballeros”, esta breve nota que descubrimos en nuestras pesquisas da a entender que ya en las primeras décadas del siglo XX se jugaba ya el tradicional juego de negritos, además tiene una connotación muy importante y es el carácter popular-social de la fiesta, en el sentido de que es un grupo de artesanos quienes obsequiaron la fiesta, recordando que en ese año se funda la Sociedad de Obreros en la ciudad, que aglutinaba a este importante gremio, las cuales decantarían después en los sindicatos de Motoristas de Obando (1936), Zapateros (1937), Peluqueros (1945), Sastres, Artesanos, Carpinteros, entre otras, y que tendrían importancia vital para el desarrollo social de la ciudad, además de fortalecer los nexos culturales, ya que eran ellos quienes montaban las obras de teatro, entre otras las escritas por Félix María Morillo Cabrera, así como el montaje de poesías, como las del bardo Florentino Bustos, entre otros. La nota de prensa en Ensayos, además, desmiente que el carnaval tenga su origen en los años 30 (Andrade, 1998), fecha que se ha perpetuado entre varios estudiosos del tema (Guerrero, 2001; Caicedo, 2016), desconociendo los antecedentes que pueden ser anteriores al siglo XX, tema que debe investigarse y estudiarse, desconociendo el proceso de fiestas y celebraciones que se venían adelantando ya en la comarca, lo cual justifica el rastreo de la fiesta más allá de lo que pareciera establecido canónicamente, esto únicamente lo puede hacer el proceso investigativo que forma parte de la memoria que aquí se propone. A mediados de 1920 se lleva a cabo en la ciudad los primeros reinados, cuya influencia llega de los estudiantes ipialeños que por entonces estudiaban en Popayán o Bogotá, trayendo, cuando regresaban o en temporada de vacaciones, las costumbres de dichas ciudades, como las fiestas de los estudiantes, las cuales se celebraban eligiendo su reina, la primera elegida en 1924, costumbre que aún subsiste con la integración del reinado a los Carnavales en la década de 1970. Un factor muy importante que ha sido desatendido en los estudios del Carnaval es el tema de la música en los carnavales de Ipiales, lo más cercano es lo que se ha escrito sobre las murgas. En Ipiales, a partir de la década de 1940, diferentes grupos de campesinos llegaban del sector rural al casco urbano, con sus guitarras, quenas, flautas, pingullos y bombos, así como los grupos indígenas con sus instrumentos de viento y percusión, y también uno que otro instrumento de cuerdas, como el violín; además de la presencia activa de la Banda Municipal de Ipiales desde su creación en 1906. Dentro del contexto de la tradición oral, que se ha recogido en diferentes estudios, llama la atención el desarrollo de las fiestas desde los años 30 a 60, ya que está enmarcado dentro de un conglomerado social reducido a las élites, en donde éstos salen a la ciudad desde sus haciendas montados en caballos, lanzando monedas y dulces a su paso, generando inicialmente diversión a quienes los veían, pero posteriormente y debido al alejamiento de la celebración, que luego se hacía a puertas cerradas, genera distanciamiento y hasta aversión, de tal manera que poco a poco crece el descontento y la fiesta parece recuperar su origen popular. He ahí el origen de la Familia Ipial, que de una u otra manera va a dividir en dos la historia de los Carnavales en Ipiales. Imposible no hablar de los llamados convulsionados años 60, sobre todo porque a nivel mundial se experimentan una serie de cambios grandes a hechos muy importantes, y que en nuestra ciudad tendrá repercusiones importante, es bajo este contexto que surge la familia Ipial, hay tal vez, eso es necesario seguir rastreando, un influjo de conciencia social por parte de los artesanos, quienes habitan en los barrios populares de la ciudad, en donde se va a fraguar diferentes expresiones que buscan darle un sentido social a la fiesta, como son los colectivos coreográficos, las murgas y el mismo Carnavalito (1978) que surge en el barrio el Gólgota. Surge luego la intención de pensar la fiesta desde la integración regional, de tal manera que en 1993 se lleva a cabo el Carnaval Multicolor de la Provincia de Obando, el cual marca ese derrotero integracional y además de ampliación del color como expresión de esa apertura. Aquí es necesario rastrear la forma cómo los municipios invitados, así como los participantes del Ecuador, quizá más integrados a la fiesta desde años anteriores, han vivenciado esta integración regional desde el Carnaval, de ahí que sea necesario indagar en estos lugares la visión que tienen del Carnaval de Ipiales y cómo también son sus preparativos, ya que es la forma como actualmente se vive en la ciudad: 28 de diciembre, día de Inocentes; 31 de diciembre, Años viejos y Viudas; 2 de enero, día de la juventud; 3 de enero Carnaval de la Provincia; 4 de enero Carnavalito; 5 de enero día de Negros; y 6 de enero día de Blancos (Ver documento completo).
  • La cultura popular y la cultura del carnaval
    Preliminar No es este el espacio para definir lo qué es o no cultura; sin duda, el proyecto en su desarrollo propondrá una forma de entender esta dimensión actualizando su definición, características, procedimiento y operatividad, siempre y cuando tengamos cuidado de no pensar por fuera de la cultura popular del carnaval y, en especial, del Carnaval Multicolor de Ipiales. Por ahora, baste con señalar que entendemos por cultura lo producido por los seres humanos en su interactividad con la naturaleza pero que la sobrevuela, importando su complejidad y desarrollo alcanzado al intentar reconocer la dignidad de los actores que dice la cultura representar, incluyendo aquellos que se denominan “los excluidos”. Por esta razón, se considera como parte de la cultura todas las actividades humanas, materiales y espirituales, incluyendo prácticas ancestrales y creencias tradicionales juzgadas, otrora, como anticuadas o ignorantes, las normas sociales y las tecnologías –simples o complejas- de las sociedades aisladas y comunidades primarias que mantienen una relación cercana con la naturaleza. En consecuencia, los sujetos crean cultura todos los días en función de leer y escribir, por lo mismo que ejercer control de sus condiciones de existencia y desarrollo que son centrales para convivir, subsistir, re-existir, empoderarse, etcétera. Dicen Moreira, Zambrano, Portuondo (2017) que la cultura práctica contribuye a formar la disciplina del trabajo que se convierte en una costumbre, en una actividad, aunque claro, se sobreentiende que habrá limitaciones –algunas históricamente determinadas– de propiedad material, subjetividad y educación. En su artículo El concepto de Cultura de Producción como herramienta del desarrollo local Ecuatoriano, citan a Guadarrama y Pereliguin (1990, 48), dado que la cultura práctica está condicionada por el conocimiento que se tenga de las necesidades, la voluntad para satisfacerlas y las competencias para llevar a la acción las soluciones. Pablo Freire en Pedagogía de la esperanza observa que “en la medida que el hombre integrando a las relaciones de su contexto de vida reflexiona sobre ellas y aporta respuestas a los desafíos que le plantean, el hombre crea cultura”. (1999, p.12). Reactivación de lo popular y los estudios del carnaval Este concepto tan amplio nos sirve aquí como campo operativo para pensar la cultura popular y en ella la cultura del carnaval. Sin embargo, es propósito en este proyecto únicamente proponer la importancia y eficacia de aclarar estas categorías, prácticas y saberes para la consolidación y desarrollo del proyecto Memoria y Archivo del Carnaval multicolor de la Frontera de Ipiales. A finales del siglo XX los estudios sobre la cultura popular –efecto de décadas anteriores de discusión e investigación–, reactivaron diversas acciones sociales comunitarias, barriales, grupales; inquietudes estético-artísticas tradicionales, masivas e industriales; y perspectivas intelectuales y educativas que cambiaron la mirada e historia de cómo, hasta entonces, se pensaban las culturas nacionales y, en específico, las culturas regionales. Sin cuestionar la visión antropológica y política de lo clásico-tradicional-colonial, varios sectores, entre ellos políticos y educativos, incluyeron la cultura popular como reducto o campo de estudio en relación a la producción industrial masiva alentando la atención a lo marginal y arrojando una imagen de inclusión-asistencial todavía por cuestionar; para ejemplo, el comercio de artesanías, el turismo cultural o paisajístico y, sobre todo, las músicas regionales como por ejemplo Putumayo World Music. Así entraron las fiestas religiosas, patrióticas, locales y ancestrales, en el calendario de los planes turísticos nacionales e internacionales y en las listas de las economías industrial y de marca, hoy llamadas de “economía naranja”, cuyos objetivos proponían la recuperación de las geografías exóticas, geopoéticas bucólicas y de los lugares apartados que conservan antiguas tradiciones festivas, “únicas” para muchos, que ponían en cuestión la visión histórica y política del país homogeneizado, centralizado y clasista; en la mayoría de los casos se hizo una interpretación nada compleja de lo colonial a la luz del mestizaje, la aculturación, la endoculturación, la hibridación. Para Colombia esta fenomenología coincide con la nueva narración del país a partir de la constitución del 1991 que intenta garantizar la participación de la comunidad en las decisiones que pueden afectarlo, los derechos fundamentales que garantizan la igualdad ciudadana aun cuando haya diferencias de etnia, credo, profesiones, economías, ideologías, etc. Pero sobre todo, tienen protagonismo las prácticas y saberes descolonizadores y emancipadores que las propias comunidades con sus líderes desarrollan por ser reconocidas no solo como reproductoras sino como creadoras de obras, bienes y servicios, exigiendo con esta productividad –que recupera la tradición enlazando lo nuevo– entrar a participar de las decisiones y transformaciones que la cultura moderna pone en juego al intervenir los territorios nacionales y regionales, saquear sus saberes, disciplinar sus prácticas, comercializar sus obras distanciando exageradamente los costos con respecto a su valores al extremo de empobrecer a sus autores. En este contexto de situación concreto, es cuando emerge la atención al texto polifónico-dialógico del carnaval vía fiestas, ritos y mitos nacionales y locales en su versión más telúrica; pronto los gestores, comunicadores e investigadores de lo popular se dieron cuenta de la riqueza interdisciplinaria de este macrotexto tan realista y grotesco como híbrido al incorporar lo clásico y lo popular; tan auténtico y creativo como comercial e industrial; tan único, diferencial y personal como comunitario y masivo. La nueva atención a lo popular en su versión de cultura del carnaval no únicamente estimuló la investigación y formó nuevos saberes populares y académicos, sino que intervino reconociendo la capacidad de los sectores populares, obreros, indígenas, campesinos y de las elites rural-urbanas para agenciar y transformar procesos sociales y políticos complejos desde y en las fiestas, carnavales, rituales y performancias sociales. Lo popular y el carnaval multicolor Hoy nos vemos interpelados de manera crítica y creativa a atender este fenómeno de tal envergadura transdisciplinar (histórica, antropológica, estética, artística, artesanal, económica, sociológica, tecnológica, comunicativa, etc.). El carnaval dejó de ser un fiesta con fechas determinadas y números escénicos, un ritual local y familiar, para convertirse en un espacio ritual multidimensional que convoca festivamente a lugareños y foráneos de cualquier punto cardinal, un dispositivo de pensamiento y acción social, una estética, una ética, una memoria para interrogar la identidad, la diferencia, la exclusión, la tradición, la modernidad, las luchas sociales y culturales contemporáneas. De suerte que un carnaval como el multicolor de la frontera de Ipiales, que tiene un cronotopo (espacio-tiempo) alrededor de 80 años, no puede quedar ajeno a la preocupación de quienes lo realizan y mantienen, de quienes lo observan, piensan, viven y narran. El horizonte teórico para argumentar el diseño, creación y desarrollo de un Archivo y Memoria del Carnaval Multicolor de la Frontera, pertenecerá al pensamiento internacional en su uso nacional-local que describe, analiza y narra cualquier carnaval del mundo; pues las categorías y hallazgos teóricos y epistemológicos nos pertenecen a todos como ciudadanos del mundo y como pertenecientes, causantes y receptores de los descubrimientos y hechos que nos afectan a todos en la globalización; sin embargo, dadas las características geográficas, históricas y socioculturales de la dimensión festiva que nos ocupa (CMFI), esta mirada, diseño y procedimiento tendrá una “teoría” a tono con su estado del arte, tradición y memoria. Esta “carroza teórica”, como hemos dado en llamarla dado que es fruto de colectividades, manos y sudores varios, o “bricolaje cultural” en términos de Levi-Strauss que recicla y recorta otras culturas, atiende las voces variopintas (polifonía) y las conciencias críticas y creadoras (dialogía). Esto quiere decir que voces y conciencias de artesanos, artistas, cultores, investigadores tendrán encuentros y desencuentros como discurso y episteme en el desarrollo de este proyecto. Así planteada esta entrada iniciaremos polemizando ¿qué es eso de la tradición y su reinvención?, ¿qué hace diferente a lo popular y a lo masivo?, ¿por qué lo popular y lo masivo o industrial es imposible de separar en la globalización?, ¿cómo entender la estrategia comunicativa de memoria y archivo a la luz de la idea de territorio, de globalización, de tecnologías digitales?, ¿y si es posible o no construir un tipo de narración que permita diferenciar al CMFI con referencia a otros que suceden en la misma región u otras geografías? Tradición popular y/o modernidad masiva-industrial Este subtítulo puede parecer una trampa epistemológica; sin embargo, es un dispositivo para pensar la cultura del carnaval. ¿El Carnaval Multicolor de la Frontera de Ipiales es el resultado de una tradición indígena, campesina, obrera; en suma, popular?, ¿cómo entender hoy lo popular cuándo la globalización ha universalizado lo local y comercializado lo tradicional?, ¿qué relaciones implicativas quedan de la cultura clásica con la cultura popular, masiva e industrial en el texto del Carnaval Multicolor de la Frontera?, ¿con qué elementos culturales, tecnológicos, sociales, es posible re-imaginar lo popular, entendiendo la imaginación en el contexto de los nuevos regímenes de sensibilidad y producción de conocimiento audiovisual? Reimaginar lo popular desde la audiovisualidad La cultura popular la entendemos como una estrategia interdisciplinaria y audiovisual para estimular el debate humanista y social en la era audiovisual, es decir, aquella que pone la imagen en el centro de nuestros afanes. El motor que encienda este proyecto, tiene la intención de superar el esencialismo que marcó lo popular como lo telúrico, lo auténtico, lo incontaminado y, más allá de relacionar lo popular con la identidad, la hegemonía, la cultura de masas como discurso obligado, establecer una mirada de las relaciones con las diferencias. La idea es evitar buscar lo escondido y hermético que puede ocultarse en lo popular, puesto que importa lo que hacemos con esas manifestaciones que relacionan los hechos sociales contemporáneos, esas resonancias entre lo que la imaginación popular saber-hacer y hacer-saber con la cultura global reimaginada por la apoteosis de la imagen, las nuevas visibilidades y las audiovisualidades. Entendemos las audiovisualidades a la manera de Inés Dussel, en el sentido de que la imagen no es únicamente un artefacto visual e icónico, sino que es la práctica social material que se inscribe en un marco social particular. La pintura, el cine, la fotografía, la televisión, y todos los otros géneros que podamos considerar “visuales”, siempre involucran a otros sentidos, pero sobre todo involucran a creadores y receptores, productores y consumidores, y ponen en juego una serie de saberes y disposiciones que exceden en mucho a la imagen en cuestión (Dussel, 2006, p. 280). Lo popular ya no significa algo excluido o marginado sino algo positivo, un hacerse continuo, un espacio de expresión y comunicación diferente donde los sectores reimaginan sus haceres y situaciones diversas recreando las formas de su tradición propia para asumir los desafíos que impone la modernidad hegemónica (Ticio Escobar, 2003, p. 281). De suerte que la especificidad histórica de lo popular en América Latina es: “el ser espacio denso de interacciones, de intercambios y reapropiaciones, el movimiento de mestizaje. Pero de un mestizaje que es un proceso no puramente ‘cultural’ sino dispositivo de interrelación social, económico y simbólico” (Barbero, 2003, p. 137). La cultura popular ha estado marcada por tendencias bien conflictivas que llevaron a la confusión su carácter emancipatorio y/o preservativo. La mirada romántica, por ejemplo, defendió la auténtica cultura rural amenazada por la industrialización moderna. Este sentimiento de nostalgia hacia un pasado estático no reconoce la hibridación de la vida tradicional con la moderna. Otra mirada dice que la cultura popular “no puede menos que adoptar la forma de una variedad de cultura de masas –lo cual puede ser una tragedia o una solución, dependiendo del punto de vista” (Rowe y Schelling, 1993, p. 14). En esta postura los sectores populares no tienen la capacidad para reimaginar y producir una modernidad legítima. Otro punto de vista polémico es el marxista que ve en la cultura popular una misión emancipadora y utópica, donde las comunidades oprimidas a través de la conquista de medios y relaciones de producción adecuados imaginan una sociedad alternativa. Rowe y Schelling observan que esta posición tiene la desventaja de que ubica al observador en un sitio ideal desde el cual juzgarse como promotor (o no) de un futuro positivo emergente, además escamotea la cuestión de “cómo unas tácticas populares podrían traducirse en una estrategia para tomar el poder y cómo este podría mantenerse sin autoritarismo” (1993, p. 15). La relación –las más de las veces desafortunada– entre los territorios populares-tradicionales y los medios de comunicación audiovisuales, ha impulsado el desprecio de los sectores cultos que no leen más que “incultura” y pobre elaboración en sus producciones. Jesús Martín Barbero y Germán Rey en Ejercicios del ver (1999), observan cómo este desprecio confundió al analfabeto con el inculto y se concentró especialmente en la televisión, el chivo expiatorio que da cuenta de la violencia, la crisis moral y la degradación cultural de Colombia; se preguntan por qué los intelectuales e investigadores sociales “siguen mayoritariamente padeciendo un pertinaz ‘mal de ojo’ que les hace insensibles a los retos culturales que plantean los medios, insensibilidad que se intensifica hacia la televisión” (p.17). No olvidemos, para el tema que nos ocupa, que la unidad por excelencia que arma la parrilla televisiva, es justamente, el video en sus variantes: telefilm, videoclip, video musical, video documental, video experimental. Hoy ya no podemos continuar sosteniendo que la televisión es el eje tecnológico audiovisual más poderoso de nuestra actual cultura, sin duda lo fue y es uno más de los canales, dado que cada vez está más debilitado e intervenido por las pantallas digitales (computador, celular, tablet). Ya no solo por la televisión sino por el cine y la pantalla digital, está pasando en continua reprogramación la memoria popular y la imaginería de masas, pues hay una producción cada vez más variada y pertinente que hace que las culturas audiovisuales populares estén dentro del proceso de cambio que tienen que sufrir las subalternidades. Néstor García Canclini en Culturas populares en el capitalismo (2002), observa algo que es vigente: En la época de la cultura letrada se dio el contraste con la oralidad; en los tiempos de la industrialización la tensión se presenta con la producción artesanal; cuando predomina la cultura audiovisual, la confrontación se da con la producción musical de los sectores populares, con sus diseños y su expresividad en la estilización de lo cotidiano. Por eso, el lugar que antes ocupaban las artesanías en el desarrollo cultural, como referentes populares, en los últimos años lo ocupan músicas populares y telenovelas (Canclini, 2002, p. 36). No es difícil adivinar el papel del video (etnográfico, narrativo, poético, experimental) en los procesos de cambio y adaptación de las subalternidades en la era de las tecnologías de la información y la comunicación. De suerte que la audiovisualidad popular en su nueva aleación imagen-oralidad-tecnicidad, está llamada a jugar un papel decisivo en la construcción de imaginarios que confronten las hegemonías letradas-audiovisuales enlazadas con las industrias culturales privadas (televisión comercial, prepagada, por suscripción, etc.). Desde esta exclusividad las economías del signo y de la imagen posicionan lo audiovisual como esquemas globalizantes que funcionan sólo como medios para promocionar y vender productos e ideologías dominantes en el mercado simbólico, negando con esta manera estrecha la complejidad identitaria de las comunidades y reduciendo la cultura audiovisual a un simple registro o instrumento que le impide desarrollarse como experiencia subjetiva crítica y creativa, y como sistema de expresión-comunicación que re-imagina lo regional (territorializa y desterritorializa) poniendo lo local a dialogar –o a negociar– con lo global. Lo popular lo comprendemos no en un sentido romántico que debe salvaguardarse sin tocarse hasta que se pierde y nadie reconoce; tampoco es el terreno político para tomar la voz en su representación como si las gentes populares no pudieran hablar y representarse así mismo. Lo popular no es el espacio industrializado y globalizado para que lo masivo y el mercado despliegue el consumo despiadado que desarticula la tradición y su valores, que minimiza el trabajo artesanal, que convierte los mitos, ritos, leyendas y cuentos en supersticiones y cosas del pasado de los analfabetas, pues esa es la manera de degradar al pueblo y venderle artefactos modernos e industriales sin darle la posibilidad de que valore sus tradiciones, sus saberes, sus prácticas.
  • Memoria, territorio y reinvención"
    ¿Qué será la memoria: recuerdo, archivo de sentimientos y emociones, detonación inconsciente, reinvención del pasado, re-creación de la experiencia vivida, narración de la existencia, descubrimiento de lo olvidado o de lo que se desea olvidar, cuento verdadero de lo acontecido, fina constatación de lo ocurrido, certeza, olvido, adivinación, energía, fragmentación de vivencias, etcétera? La lista podría proseguir sin término, quizá se deba a que definir la memoria es una tarea inconmensurable y, en sentido estricto, de poca utilidad, a no ser para la neurociencia y psicología cognitiva donde se requiere precisión; otra cosa, no alejada de la memoria al unísono como el dios Jano, es el olvido que goza de un cierre parcial o definitivo, y sin embargo, ese olvido puede ser terapéutico, traumático, odioso, manipulador, melancólico, carente de identidad, suicida. Como sea, la memoria que nos interesa comprender tiene como focalización el carnaval en la dirección del concepto de lo popular que venimos argumentando. La cultura globalizada parece atacar la memoria en tanto las tecnologías digitales de almacenamiento electrónico aleatorio se vuelven prótesis (USB). ¿Hasta dónde las tecnologías audiovisuales digitales reactivan la sensibilidad, refuerzan la creatividad, amplifican el conocimiento? Son respuestas no fáciles de contestar, a no ser con una investigación anclada en especificaciones como lo es este proyecto de Memoria y Archivo del Carnaval de la Frontera de Ipiales. Quizá hoy debamos centrar nuestros esfuerzos no en la escogencia que se hace entre los espacios de la imaginación y la memoria, esto podría ser una trampa, dado que esta separación no existe, pues es energía y dinámica. Lo que está en crisis no es la memoria en cuanto energía y plasma del alma, sino la concepción reductivista que de ella se promueve. Esta facultad desde el siglo de las luces ha sido reducida a paquete de información, a canasto de datos. Hoy la comparamos con el archivo o el ordenador, cuando son estas prótesis las que se hicieron a semejanza de la memoria humana. Nuestra cultura tradicional tiene fe ciega en la memoria porque la considera: primero, como infalible, cuando ella es siempre imperfecta y transformadora; segundo, se pedagogiza la idea de que la materialización de la memoria (los recuerdos) únicamente se dan por experiencias padecidas, pero la verdad es que los recuerdos son también fruto del mismo pensamiento, de la ensoñación y la experiencia intrasubjetiva; tercero, la memoria no siempre es el resultado de un estado de vigilia consciente y concentrado, sino también de un estado indirecto, relajado e inconsciente. La memoria no es simple reconstrucción periódica o jerárquica del ayer histórico, no hace presencia a los sentidos en forma directa; la memoria creadora está mediada por la percepción y por ende el recuerdo estético no puede ser reemplazado por la sensación inmediata. La memoria como la inteligencia no puede ser creadora sino es mediante un proceso real y creador que partiendo de la percepción se re-encuentra en la intuición abriendo posibilidades de acción y valoración de la experiencia nueva; es decir, del nuevo conocimiento que se percibe y asimila como re-invención. La re-creación del pasado es memoriosa porque es fractura de la realidad que vuelve a sanar, visión, ensoñación, evocación, presencia en la ausencia. Marcel Detienne (1983), hablando de la memoria del poeta, por ejemplo, dice que es una omnisciencia de carácter adivinatorio y la define como "saber mántico, por la fórmula: lo que es, lo que será, lo que fue". La memoria así entendida posee dos valores: es la videncia como palabra eficaz y es el ser del hombre que la pronuncia. Pero también es olvido, porque en su territorio se escinde la infancia renaciendo cuando se despierta todo su poder imaginario. Como olvido la memoria retorna, se suspende silente y recomienza. La memoria y el olvido, nos dice el etnólogo Marc Augé (1998), guardan en cierto modo la misma relación que la vida y la muerte, se necesitan mutuamente para liberar el pasado de su carga y crear el futuro saludable. La memoria y el olvido son a la imaginación lo que los sentidos al cuerpo o las expresiones al arte, por medio de la memoria cada arte se teje con las demás artes, de allí que Mnemosina haya sido para los griegos la madre de las Musas. Ahora bien, la acción creadora de la imaginación es el resultado, por una parte, de un roce interactuante con la riqueza y variedad de la experiencia acumulada por los artesanos, gestores, cultores, comunicadores del carnaval; de allí que entre más rica la experiencia de la infancia, de su participación y realización, mejor el material de que dispone para su re-imaginación continua. Por otra parte, la realidad y la imaginación entablan relaciones complejas en las cuales ésta última se excede aportándole lo no pensado o no visto, sacando al sujeto del encierro al que queda sometido con su propia experiencia e integrándolo con la historia del territorio y del carnaval y las experiencia colectivas festivas. Memoria e imaginación quedan así conectadas por las fuerzas creativas que atan el suceso pretérito con el acontecer futuro, produciendo un presente lo suficientemente vívido para reinventar el carnaval y volverlo sostenible como cultura particular y única. Re-inventar o re-imaginar son categorías no sólo operativas sino críticas para transportar y agilizar la creación, investigación y performancia del carnaval, en términos de que es la repetición de una tradición ya inventada, historizada por la comunidad, por la región, por el territorio. Sin una concepción distinta del concepto territorio, por ejemplo, distante de la mirada geográfica y geopolítica, no es posible desprender una comprensión del carnaval como dialógico, polifónico, interétnico, intercultural, educativo; como interactivo con los múltiples actores sociales de la región. El carnaval no es un bien cultural local sino territorial en tanto es fruto de capas históricas y sociales superpuestas y en diferentes escalas que van desde lo local hasta lo supranacional pasando por la familia, el barrio, el municipio, la región, la nación. El territorio, en suma, se puede afrontar desde la apropiación del espacio, el poder y la frontera. Siendo base del Estado-nación, el territorio lo estamos viviendo como “una dialéctica del mundo concreto, evolucionamos de la noción, tomada antigua, de Estado territorial a la noción posmoderna de la transnacionalización del territorio” (Santos, citado por Llanos-Hernandez, 2010, p.213) El carnaval no está cristalizado ni es único, ni unitario, sino que depende de las lecturas y escrituras que las generaciones le otorgan según acontece la historia (oficial, oral, académica). Esto no quiere decir que la historia sea diferente en cada época, sino que esta adquiere valor axiológico, epistemológico y social a partir de las diversas producciones carnestoléndicas, investigativas y de innovación que los actores del carnaval hacen en el escenario festivo; por eso hay que desplegar una investigación cartográfica, etnográfica, narrativa, poética, performática (Ver documento completo).
  • Escuela de investigación creación
    Pedagogías del carnaval La educación no la entendemos en este proyecto CMFI como la acumulación de información o bien individual redituable, sino como una estrategia comunicativa y un proceso formativo y experiencial que parte de la memoria cultural y colectiva a partir de investigar y crear de cara al fortalecimiento del saber hacer, hacer saber y del saber estar en CMFI. Hablamos de cátedra, escuela, minga, talleres creativos, como pedagogías del carnaval, porque estamos pensando en la educación e investigación popular que, lejos de guardar relación con los programas curriculares de la educación institucional, oficial o privada (con excepción de algunos PEI), intenta re-construir, agenciar, enriquecer, expandir los saberes, prácticas y experiencias que los protagonistas del carnaval MFI han acumulado y modulado configurando un importante capital simbólico y cultural que merece ser reconocido, recreado y revitalizado como una dimensión fundamental de desarrollo local. Todos los artesanos y cultores del carnaval, por ejemplo, poseen un saber práctico y un relato de experiencia que los legitima como actores medulares de la cultura y la educación popular; de allí que es importante para criticar la hegemonía del poder distinguir (sin excluir) al iletrado del culto, al analfabeta del que ha performado su propia cultura (desde la tradición e historia oral y las dimensiones simbólicas visuales) sosteniendo y aportando a la cultura del territorio. La educación -con su pretensión ilustrada- no puede ser ajena a este tipo de pedagogías periféricas que enriquecen los niveles de comprensión de la sociedad, que la problematizan e integran en una búsqueda de la equidad del conocimiento y justicia participativa para la convivencia multiversa garantía de paz. La definición del título, tipo y modelo que se elegirá para esta esencial fase del proyecto MyACMFI, será resultado del diseño de la matriz del CICPC (Centro de Investigación de Cultura Popular del Carnaval), entidad encargada de proponer, estudiar, evaluar, canalizar y difundir las diversas formaciones e investigaciones sobre el CMFI a partir de estrategias comunicativo-antropológicas-sociológicas y pedagógicas que desarrollen lo que denominamos como grupos focales, foros de consulta, mesas de discusión; en suma: Mingas de pensamiento. La educación, resulta ser el eje dialógico del ser humano con el otro y consigo mismo y el territorio: aprender y desaprender es un constante devenir entre la infancia, el desarrollo de la personalidad y la formación ciudadana. Las escuelas y los diversos espacios pedagógicos como los del carnaval, se convierten por tanto en centros de formación humana-integral, donde el individuo desarrolla competencias que le serán útiles para su supervivencia en el entorno, su habitar se convierte así en un hecho de experiencia y del mismo modo de saber. Por consiguiente, las instituciones educativas deben estar dispuestas a atender las necesidades de su territorio, una pedagogía enfocada en el constructo de identidad. Dentro de nuestra ciudad es indispensable el carnaval como discurso y práctica de la educación, pues gesta ideales de humanidad, comunidad formando seres creadores, artistas, artesanos, sociólogos, abogados, investigadores, docentes, hombres y mujeres interesados por el bien vivir de su territorio, apropiándose del sentido y los valores del mismo. El Carnaval Multicolor de la Frontera es pensamiento, construcción de conocimiento y un espacio pedagógico fundamental, por tanto debe tenerse en cuenta dentro de los centros educativos de la ciudad de Ipiales, pues este funda nuestro tejido social. Hacer parte al otro del rito y hacer significativo el contacto con lo festivo. En el carnaval una gran variedad de prácticas pedagógicas como el juego, el diseño, la estrategia, es una cuestión nata de los niños; apelar a la capacidad de sorpresa, cultivar el encuentro entre el niño y el carnaval, desde la magia y el misticismo, desde lo fantástico, incentivar la creatividad y con ello asegurar la re-existencia y la re-creación del carnaval. Asimismo están los talleres, las casas de los artesanos y artesanas que comparten sus saberes musicales, plásticos, visuales, dancísticos, orales, teatrales; están los barrios, las calles, las zonas rurales como lugares de aprendizaje colectivo. Por eso cuando hablamos de pedagogías del carnaval (cátedras, escuelas, mingas, congresos, talleres creativos, como estrategias para revitalizar la memoria significa, mantener y conservar el conjunto o sistema de formas y signos orales, escritos, rítmicos, kinésicos que sirven para relacionarnos y tomar presencia dentro de la comunidad. Reconocer escenarios y formar actores críticos y participativos, no solo asistentes o espectadores sin incidencia, hacerlos parte activa; siendo el carnaval un espacio tiempo didáctico dentro del constructo de identidad, historia, y cultura. La formación artística al ser transversal con las demás asignaturas, crea propuestas para alimentar de color, festejo y concepto el carnaval; desde esta orilla es posible llevar acabo procesos inter/transdisciplinarios donde se conjugan las artes, las ciencias y saberes locales. En el CMFI es donde se conjuga la tradición oral, con la manifestación de la imagen y la corporalidad; las pedagogías del carnaval ( cátedras, escuela, minga, intercambios, conversatorios, juegos) es una necesidad para comprender, aprender y revitalizar las dinámicas creativas, sociales, epistémicas y culturales que se desarrollan en nuestra región. Construir sentidos de mundo, de territorialidad y convivencia enmarcadas en el respeto, la interculturalidad, la lúdica y la creatividad. Estrategia interactiva socioeconómica El carnaval multicolor de la frontera es el evento de tipo cultural que se celebra en la ciudad de Ipiales desde el 31 de diciembre al 6 de enero, día en que culmina con el desfile magno. Si bien las fechas de celebración se realizan entre estos días, el evento en sí contiene una serie de eventos que se desarrollan en esta ciudad y de manera casi general en todo el departamento de Nariño. Se menciona que el festival de tríos de Ipiales marcaría el inicio de toda esta serie de eventos en la ciudad pasando por el día de las velitas, navidad, día de inocentes, desfile de años viejos y sería el culmen en el carnaval. Este evento además de su tradición, legado cultural y expresión de arte, genera dinámicas de tipo económico y social. Se podría decir que el carnaval se convierte en un dinamizador económico de la frontera, pues su desarrollo impacta diversos aspectos de la economía propia de la ciudad, se fomenta un mayor auge de turistas impactando de manera directa a sectores como el hotelero, restaurantes, pues se genera una mayor demanda de estos servicios en esta temporada, se genera un impacto directo también en el sector de los transportes tanto interdepartamentales, municipales y transporte interno quienes deben suplir una mayor demanda dado el flujo de visitantes y turistas al evento, también se generan beneficios a otros sectores como el comercio de alimentos, bienes y servicios, ropa, textiles, etc. En torno al evento en sí, se ofrecen diferentes actividades económicas tanto formales como informales, como la venta de licor, comidas ambulantes, servicios de parqueo, alquiler de espacios, ventas informales. Incluso el desarrollo del evento beneficia a la economía oculta o subterránea, factor que es muy difícil cuantificar o registrar. Esto genera impactos sociales positivos, como una mayor tasa de empleo, mayores ingresos, movilización de mano de obra, flujo de dinero hacia la región, crecimiento del PIB regional y mayor inversión, aunque también existen aspectos negativos como incremento de índices de criminalidad, auge del consumo de bebidas alcohólicas y drogas, prostitución, riñas, etc. Teniendo en cuenta lo dicho, resulta de suma importancia identificar cuál es el impacto que genera esta festividad, por ello para el desarrollo del proyecto de Memoria y Archivo del Carnaval Multicolor de la Frontera, se propone investigar su impacto socioeconómico. En general este estudio pretende determinar el impacto socioeconómico del carnaval de la frontera atendiendo especificidades como: 1) brindar el apoyo estadístico y analítico al proyecto MyACMFI; 2) levantar una línea base que permita caracterizar los beneficiarios directos e indirectos de las actividades realizadas en el marco del carnaval de la frontera; 3) determinar y cuantificar los principales aportes al sistema económico y social del municipio de Ipiales que realiza el carnaval de la frontera; 4) Implementar un archivo estadístico para la plataforma multimedia que permita la navegación sobre las principales variables sociales y económicas alusivas al carnaval de la frontera; y 5) Fortalecer las capacidades de los emprendedores del carnaval.
  • IACP Método Investigación, acción, creación, participativa"
    La realización de este proyecto propone la interdisciplinariedad y el diálogo permanente con los diferentes actores del CMFI para enriquecer los contenidos esperados. La interdisciplinariedad/transdisciplinariedad supone la convergencia de varias disciplinas de las Ciencias Sociales: antropología, economía, sociología, comunicación social, ingeniería, el diseño, las artes y saberes de los artesanos y artesanas del CMFI. El profesor e investigador social de la Universidad Nacional de Colombia, Orlando Fals Borda, en Ciencia propia y colonialismo intelectual (1971), haciendo crítica del colonialismo intelectual y el débil uso que se ha hecho de las técnicas apropiada para el desarrollo latinoamericano, ayudó a la construcción de ciencia propia, justamente, a partir de la investigación-acción-participativa (IAP) que se desmarca de las metodologías foráneas cuestionándolas y asimilando solo aquello que contextualice en la acción la realidad investigada y/o aprehendida. A partir de la práctica reflexiva, la autoconciencia de los grupos, los colectivos y las comunidades de populares y la interdisciplinaridad comprometida que supera la neutralidad valorativa que ancla en la pretendida “objetividad” que busca tanto investigador teórico.En la ciencia y el pueblo (1981), Fals Borda sostuvo: por ciencia popular -folclor, saber o sabiduría popular- se entiende el conocimiento empírico práctico, del sentido común, que ha sido posesión cultural e ideológica ancestral, de las gentes de las bases sociales, aquél que la ha permitido crear, trabajar e interpretar predominantemente con los recursos directos que la naturaleza ofrece al hombre (1981, p. 182). Para este proyecto le apostamos a la IAP, no sólo propuesta por el sociólogo colombiano sino por otros investigadores latinoamericanos que se citarán en su desarrollo, con componentes artísticos y estéticos dado que el carnaval se expresa y comunica en trama y en fondo de tal manera. De allí que nuestro diseño metodológico se enriquezca y precise como Investigación Acción Creativa y Participativa (IACP). Por ende, la IACP excede el saber disciplinar y exige que las comunidades sean parte activa del proyecto. El diálogo creativo con los protagonistas de la CMFI permite que sus voces, saberes y experiencia sean partícipes del proceso de investigación y en construcción de resultados y contenidos de los diferentes documentos y plataformas. De tal manera que se ha diseñado un proceso dialógico y colaborativo donde los investigadores y los diferentes actores juegan un rol principal. La IACP permite así el reconocimiento mutuo de los saberes y prácticas, la comunicación, la mediación, participación, colaboración, coproducción y cocreación. Asimismo la perspectiva dialógica y colaborativa de este enfoque permite desarrollar procesos de investigación de forma participativa y comunidades de aprendizaje intercultural, que reúne investigadores, miembros de las comunidades y grupos de estudio, con el fin de promover resultados que ayuden a analizar conjuntamente las diversas problemáticas a las que pueden enfrentarse los sujetos y actores de estudio, para encaminarnos hacia la búsqueda de respuestas creativas e innovadoras. En esta perspectiva, se acudirá a diferentes estrategias investigativas para el análisis, la interpretación de la investigación, estas son: revisión documental, cartografía social, grupos focales, entrevistas, planeación participativa, talleres de sensibilización y capacitación, encuestas, también se trabajará con la etnografía audiovisual que a partir de referencias el material objeto de estudio, alimenta con eficacia la elaboración de los productos audiovisuales.
  • Economía interactiva del CMFI
    Recientemente desde al área social se ha planteado la necesidad de evaluar el impacto las políticas, planes, estrategias y actividades que desarrollan tanto organizaciones del sector público como privado, en ese sentido se han desarrollado algunas metodologías que permiten cuantificar este impacto y que permita valorar de manera cualitativa y cuantitativa los impactos generados con los recursos que se destinan a procesos ya sean de carácter social, cultural y/o económico. En este proyecto se contemplan cuatro fases de ejecución acorde a los objetivos presentados: Se planea la construcción de una línea base que permita caracterizar de manera social y económica a los beneficiarios directos e indirectos de las actividades económicas y sociales que se generan en el desarrollo del carnaval; para el cumplimiento de este objetivo se plantea el siguiente proceso: Construcción de un marco conceptual y operativo para el desarrollo e implementación de herramientas de recolección de información y análisis tales como encuestas, entrevistas y metodologías de trabajo con grupos focales beneficiarios de las actividades del carnaval. Esto con el fin de aclarar conceptos y población de estudio, ya sean personas (artistas, artesanos, vendedores ambulantes, espectadores etc), organizaciones (colectivos coreográficos, colectivos de música, colectivos de artesanos, etc) o empresas (unipersonales, formales, informales, de comercio, de industria, de servicios, etc) y establecer las características que se desea conocer de cada uno de estos grupos, como por ejemplo niveles de ingreso, tipo de empleo, ventas, formalidad de la empresa, número de número de empleados, en el caso de las personas, además del empleo o ingreso, consultar sobre pertenencia a organizaciones, participación en procesos de formación, participación en emprendimientos, etc. Todo ello dependiendo de la evaluación conceptual que permita aclarar las variables relevantes alusivas a develar el impacto del carnaval. Así mismo con el diseño de encuestas a realizar para un grupo de personas de interés ya sean líderes o representantes de cada una de las poblaciones objeto de estudio. Recolección de información que permita la construcción de una base de beneficiarios del evento (CMFI), de tal manera que se obtenga información de contacto en cada uno de los grupos de estudio para aplicar las herramientas de recolección de información ya sea encuestas, entrevistas o trabajo con grupos focales. Recolección de información secundaria de fuentes como el DANE, Cuentas nacionales, informes departamentales o municipales que puedan complementar la información primaria recolectada. Como último proceso se contempla la tabulación, clasificación y organización de la información que permitan obtener una línea inicial de la población objeto de estudio. Una vez organizada y clasificada la información se propone realizar el análisis de dichos datos para identificar los impactos directos, indirectos e intangibles que permitan cuantificar los efectos totales que genera el carnaval, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo, y con ello evidenciar si la destinación de recursos humanos y monetarios hacia esta actividad ha sido favorable para el desarrollo de la población del municipio de Ipiales. Como procesos requeridos para este fin están: Realizar un análisis estadístico descriptivo de la información que permita un acercamiento inicial hacia las variables que permitirán identificar el impacto del CMFI. Seleccionar una herramienta metodológica que permita cuantificar tanto las variables cuantitativas como cualitativas. Cuantificar los efectos económicos y sociales del CMFI para determinar el impacto socioeconómico de esta festividad. Presentar un informe detallado sobre los impactos socioeconómicos que genera el CMFI en los diferentes grupos de población beneficiaria. Se propone la inclusión de una herramienta estadística interactiva virtual que permita la consulta de datos estadísticos alusivos al carnaval, como por ejemplo empleo, ingresos, género, edad, empresas, artesanos, colectivos beneficiarios, formación, organización, servicios y productos ofertados, número de emprendimientos, empleos generados, tipos de empleo, entre muchos otros, acorde a los resultados que permita develar esta iniciativa. Todo ello con el fin de que esta información sea de utilidad y oportuna para la generación de estrategias y políticas que fortalezcan las actividades que se desarrollan en el marco del carnaval. Es importante tener en cuenta que para que esta información resulte oportuna sería ideal actualizarla anualmente para asegurar la utilidad de la herramienta y poder contribuir a futuros estudios de impacto del CMFI y muchos otros análisis. Para el cumplimiento de este objetivo se plantea el siguiente proceso: Diseño y programación de plataforma estadística. Cargar la información recolectada. Realizar un test de prueba para verificar el funcionamiento de la plataforma estadística. Adicionalmente, se busca fortalecer las capacidades de los emprendedores del carnaval con el objetivo de generar impactos favorables en el desarrollo de esta festividad, para ello se pretende capacitar a los participantes en temas de economía solidaria mediante la realización de talleres y diplomados (ver: Pedagogías del carnaval) donde los interesados puedan aprender sobre temas de trabajo asociativo como alternativa de organización económica, marcos normativos, creación de una organización de economía solidaria, fundamentos de administración, entre otros temas. Todo esto con el objetivo de desarrollar en los participantes capacidades organizativas, capacidad de gestión y autogestión comunitaria y el fortalecimiento organizativo en torno a un mejor bienestar. Los resultados de las acciones que se implementarán deberán ser: Una base de datos de línea base de beneficiarios directos e indirectos del CMFI. Un documento que contiene el informe sobre el impacto social y económico de las actividades desarrolladas en el marco del CMFI. Una plataforma estadística interactiva que permita la visualización de los resultados obtenidos, posterior actualización, de tal manera que se convierta en una herramienta vital para la toma de decisiones del sector cultural asociado al CMFI y los agentes económicos que intervienen en el mismo. Artistas, comerciantes formales e informales, artesanos y emprendedores fortalecidos en el tema de economía solidaria. Ver formato de encuesta Trabajadores del Carnaval
  • Diagrama
bottom of page